Un registrador de tiempo de trabajo anota las entradas y salidas de los empleados y guarda los datos en su propia memoria, sin ningún software adicional. La identificación se hace con una tarjeta RFID acercada al lector y, según el modelo, también con huella dactilar o código PIN. Las tarjetas son la parte diaria del sistema: cada una lleva un código único y puede asignarse a una persona concreta. En nuestros conjuntos el equipo llega junto con un lote de tarjetas a juego, listo para funcionar nada más abrir la caja.
Un registrador de tiempo de trabajo se monta en la entrada y anota el momento en que el empleado llega y se marcha. Funciona por su cuenta: los fichajes van a la memoria interna y se descargan por USB o por red, sin instalar software. Según el modelo, la memoria admite hasta mil empleados y cien mil registros, y los informes de presencia, ausencia, retrasos o vacaciones se exportan directamente a una hoja de cálculo.
La identificación se realiza normalmente con tarjeta o llavero RFID de 125 kHz, y los modelos superiores añaden huella dactilar y código PIN, lo que permite combinar métodos y elevar el nivel de seguridad. Los equipos compatibles con Wiegand funcionan además como elemento de control de acceso: conectados a un abrepuertas eléctrico, solo abren a la persona autorizada.

Una tarjeta RFID es un identificador pasivo del tamaño de una tarjeta bancaria. No lleva pila: toma la energía del campo del lector y devuelve su código de identificación único, que el sistema asocia a un empleado concreto. Las tarjetas de 125 kHz se leen desde unos centímetros, aguantan el uso diario y caben en la cartera o en un portatarjetas. La superficie blanca admite impresión, así que la tarjeta puede servir también como credencial de empresa.

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